Navegar en España sigue siendo más caro
Por Jesús Arantegui
No se vosotros, pero yo vengo padeciendo últimamente una cada vez mas frecuente enfermedad, conocida como ‘síndrome del pardillo internauta sableado‘‘.
El síndrome se manifiesta por una sensación de mosqueo repentino, enrojecimiento facial, accesos de cabreo y explosiones de ira, que suele producirse una vez al mes, coincidiendo con la llegada de la factura del proveedor de internet. Superada la crisis aguda, el sujeto entra en una fase de frustración, que suele durar unos días, preguntándose si de verdad el servicio vale lo que paga por él.
Personalmente es en esa fase cuando me enfrento a la enfermedad y comparo con la competencia (que conste que no estoy con la compañía más cara, creo que ya sabéis cual es). Lo comento con otros internautas sufridores, que están con otros proveedores, pero sus comentarios lejos de decidirme a cambiar me recuerdan al del chiste: ‘que me quede como estoy’. Y así, reconfortado con el mal de muchos, pago otro mes la factura de la conexión a una ultra-velocidad inalcanzada, y un ancho de banda que francamente, ni utilizo ni necesito.
Pero no me quejo, porque para quejarme tengo que llamar a un 902, que también es de pago, así que cuando internet no rula, pruebo con el apaga – enciende, y a la tercera, me voy a la cama, que ya es muy tarde, y mi salud me lo agradecerá. Así que, en el fondo, tendré que agradecer a mi caro proveedor de internet que tenga esas incidencias en el servicio. Soy un tipo con suerte, qué narices, mi proveedor es el mejor, llevaré su camiseta y lo recomendaré a mis colegas.
Y así me quedo, un psicólogo diría que la reacción es la habitual: negación, rechazo, aceptación … o algo parecido.
Ahora en serio. Este mes el mosqueo va a ser de los gordos, porque acabo de leer en el digital Publico la noticia sobre este informe, que pone de manifiesto que lejos de reducirse, la distancia entre nuestros precios y los europeos, va en aumento.
No tengo muy claro si en nuestro entorno el precio va a la baja, o es que aquí nos toman el pelo cada vez más. La verdad, tampoco tengo muy claro si quiero saberlo, que me pongo de mal genio (otra vez la dichosa aceptación).
Lo que me sorprende es que no nos movilicemos: está muy bien defender cual quijotes la cultura de lo gratis, nuestros derechos como internautas, nuestros derechos civiles y la neutralidad en la red… pero si no puedo pagar la conexión ¿de que sirve lo demas? ¿No debería ser el primero de nuestros derechos disponer de un acceso a internet, de calidad y accesible? Si las tarifas siguen subiendo terminaremos como el de la foto, buscando un rinconcito con wifi, allí donde esté.
En fin, sacad vuestras propias conclusiones, y enfrentad el síndrome como mejor podais. Y cuando llegue la factura no os mosqueéis mucho, buscad algún consuelo. Hacedlo por vuestra salud




