
La famosa teoría de la relatividad, que el desconcertante Albert Einstiein formuló en su momento y de la que, la inmensa mayoría del común de los mortales que coleteamos por los inmundos mares de la vida corriente, sólo conocemos o sabemos interpretar como que la materia se convierte en energía, cuando se mueve a la velocidad de la luz. Sin embargo, el nombre de “la teoría de la relatividad”, para mi amigo El Boinas, tiene hasta la esencia de la madre Tierra, vamos, que le fascina.
- Todo en la vida es relativo -repite una y otra vez-, mira esta foto y dime que ves. Mejor, dibújame una escena.
La foto es la de una pareja de algo más que mediana edad abrazándose efusivamente. El rostro de la mujer queda en frente de la cámara y denota una inmensa alegría, más que eso: los sentimientos hacia la persona que abraza son intensos.
- Son pareja y … yo diría, por su cara, que…, o bien le ha dicho que van a ser padres, o bien que se quieren casar… o algo parecido.
- Muy bien… fenomenal.
Me enseña otra foto. Es la misma pareja tomada de frente y cogidos de la mano. El tiene por lo menos 20 años menos.
- Son madre e hijo -me dice- está tomada a escasamente 50 metros de una estación de bus.
-Todo es relativo, amigo, todo lo és dependiendo del punto de vista que se mire, desde los ojos que observen y de lo que se quiera ver, que el subconsciente hace mucho…
- Como la vida misma, amigo, como la vida misma.
El Boinas pilla el pie de la copa con dos dedos, con la delicadeza y mofa disimulada del gallito que desde el palo mayor del pajar, domina el gallinero.
En su particular interpretación de la teoría de la relatividad. Pero en el fondo no le falta razón. Estamos demasiado acostumbrados a juzgar a nuestros semejantes a partir de una sola foto (real o imaginaria). Lo vemos todo. No hay duda de nada. Todo está ahí: los gestos, el escenario, las miradas….el morbo, la envidia, la venganza, la desesperación, y demás limones de la mala leche que nos crió, ponen el resto.
Y me atrevería a añadir que, desde que en nuestra televisión se asentó cierta clase de programas que alimentan esta mal sana costumbre de interpretar la vida de los demás, hemos añadido la sentencia. No solo juzgamos sino que ahora ya, para rebanar la estupidez, sentenciamos.
- Pues razón no te falta.
- Si tío, si. En el curro, que es donde se nos merienda la vida, sobre todo ésto es la leche. Y, a nosotros…, anda que no nos gusta este chocolate. Cuando nos lo ponen delante metemos hasta los dedos, pero sin contemplaciones. No nos damos cuenta que a lo mejor nos estamos cargando una vida para siempre. Es como el Coll 44 del “Clin Insgud”. Te dé donde te dé, si no la palmas, cojo o manco pa toda vida.
Denoto cierta melancolía en sus palabras, como si el tema le afectara de manera especial, pero no pregunto porque El Boinas vomita sólo cuando quiere él. Si le metes los dedos, lo único que te puede pasar, es que te quedes sin ellos.
- Por cierto y tu amigo el sindi?
- Lo atropelló un tren.
- Jolin
- Una locomotora muy antigua, de esas de las ya pensábamos que no existían.
- Ya, de carbón. Y lo que contaminan.
- Ni te lo imaginas, sentencio.