Ideas, premio para buenas y nuevas ideas.
Por Jesús Arantegui
Me gustan y aburren a partes iguales estos programas de TV estilo españoles por el mundo, tan de moda últimamente.
Me gustan porque mi alma viajera e inquieta se alimenta de lugares todavía desconocidos, en la esperanza de que algún día los visitaré. Me aburren porque, amén de omnipresentes hasta el hartazgo, tienden a pasar de puntillas sobre muchas realidades centrándose en viajeros de éxito y omitiendo a tantos otros que habrán sufrido en sus carnes las tristes consecuencias de su exilio voluntario en busca de un éxito vital que les resultó esquivo.
Sirva esta introducción para situar el post, y es que anoche en uno de los susodichos tele-viajes se coló de nuevo en mi salón el joven triunfador español becado para trabajar en Google (mira que le había prometido a un amigo no mencionar a la compañía esta semana, pero la actualidad se impone). El reportaje destacaba el buen ambiente reinante en la compañía: mesas de billar para los empleados, futbolines junto a los ascensores, comedores gratuitos (con chocolatinas y todo -destacó el becario-), rincones para trabajar relajado… Hay que reconocer que resulta chocante cuando lo ves por primera vez, por el contraste con nuestra idea de lo que es un ‘puesto de trabajo’ y sobre todo porque da la impresión de que allí, lo que menos se hace es trabajar. Pero algo deben trabajar, obviamente, cuando la empresa funciona como funciona (y da pingües beneficios).
Tal vez la explicación a la aparente contradicción “mas ocio = mas beneficios”, está una frase del becario triunfador: ‘aquí en Google se busca sobre todo la creatividad, se premian las buenas ideas.’
Tan cierto es que se acaban de publicar las 5 ideas ganadoras del proyecto “10 to the 100” en el que Google premia con 10 millones de dólares a cinco organizaciones capaces de aportar soluciones verdaderamente originales a retos actuales. Podéis ver las cinco ideas ganadoras en este enlace, no pienso comentarlas, mejor seguid los enlaces. Creo que merecen la pena.
La reflexión es: puesto que las nuevas ideas son tan importantes ¿les dedicamos el tiempo y esfuerzo que merecen?
Estamos abrumados por una cantidad ingente y creciente de información que nos llega por múltiples y nuevos canales, tenemos que ver, leer, seguir, twittear, re-twittear, comentar, responder, agregar, aceptar, y algún otro verbo nuevo que se habrá castellanizado en las últimas 48 horas y se me escapa.
Pero ¿somos capaces de pararnos a pensar? No quiero insinuar que no tengamos la capacidad intelectual, que la tenemos, la duda es si tenemos literalmente el tiempo para hacerlo y la habilidad y entereza para desconectar, salirnos de la corriente que nos lleva, y crear contenido nuevo, propio y de calidad, más allá de repetir lo que nos llega por cualquiera de las fuentes digitales a las que estamos conectados.
Disponer de toda esa información es, indudablemente, genial y necesario. Pero ante el exceso corremos el riesgo de usar todo nuestro tiempo en analizar-asimilar-repetir las ideas de otros, sin buscar las nuestras, que tal vez sean las mejores y en cualquier caso serán, sin duda, las más necesarias para nosotros o nuestras empresas.
Busquemos y premiemos las ideas, las buenas, las nuevas, las propias.





