La Agencia Española de Protección de Datos e INTECO han hecho pública una guía sobre seguridad y privacidad de la tecnología RFID.
Las etiquetas RFID (radio frequency identication devices) son cada más utilizadas en la actualidad, se trata de una tecnología que permite identificar de forma automática un objeto gracias a una onda que por radiofrecuencia transmite los datos identificativos del objeto.
En este momento la implantación de esta tecnología se realiza sobre todo por las grandes empresas. El nivel de uso de esta tecnología en las microempresas es 0,8%, en las pequeñas empresas es 3,1% , en las empresas medianas es 8,9% y en las grandes empresas sube al 20,1%.
Son las empresas de transportes y almacenamiento las que más utilizan la tecnología RFID. Seguidas de las empresas del sector financiero, informática, telecomunicaciones y audiovisuales y el comercio minorista y mayorista.
Las aplicaciones mayoritarias de las etiquetas RFID son el seguimiento y control de la cadena de suministro. Control de inventarios. La identificación de personas. El control de accesos. En las microempresas con los sistemas de pago y la identificación de productos.
En la guía se detalla que esta tecnología ofrece oportunidades y facilidades, pero también puede plantear serios riesgos, dado que pueden llegar a informar de la localización, identidad e historial de un individuo. Se ilustra la problematica que puede plantearse en el caso de una persona que lleve una prenda de un comercio que no haya inutilizado las etiquetas o pegatinas RFID, ya que estas podrán ofrecer información capaz de elaborar un perfil con los gustos o aficiones de esa persona a partir de sus compras.
De seguridad se detallan riesgos como la posibilidad de ataques a los sistemas RFID para acceder a información personal de los usuarios. Son riesgos derivados de una utilización maliciosa que se pueden realizan para deteriorar o aprovecharse del servicio.
Para evitar esos riesgos se realizan varias recomendaciones y se detallan unas buenas prácticas dirigidas a empresas y a usuarios. Ente ellas la inutilización, desactivación o destrucción de las etiquetas una vez se haya cumplido su misión. no almacenar en los tags información personal, dar a conocer a los usuarios, cuándo, dónde y por qué se va a leer una etiqueta, hacer cifrado y autenticación para evitar el acceso no autorizado a la información.